Es curioso. Antiguamente los egipcios, los griegos, los romanos escribían sus pensamientos en piedra para ser conservados a lo largo del tiempo. Hoy día podemos saber de ellos gracias a ese esfuerzo que suponía tallar cada letra en la piedra. Hoy escribimos miles de textos desde nuestros ordenadores con muchísima facilidad pero ninguno de ellos soportará el paso del tiempo.
Hoy, once de abril de dos mil viente, en mi vigésimo noveno día de confinamiento con motivo del corona virus, he salido a comprar a la frutería. No era consciente de mi ignorancia, cuando a la hora de pedir un kilo de fresas me ofrecen de dos calidades. Unas más bonitas y bien colocadas en una cajita de madera y otras más "feas" y desordenadas en la típica caja de plástico de las fruterías. ¿De cuales le pongo? Miro unas, miro otras... la verdad que me daba igual. Bueno, "dame de las bonitas". La diferencia de precio no era muy grande y entraban por los ojos. Tan grandes y rojas. Al llegar a casa y enseñar la compra a mi compañera - asidua compradora de esta frutería - me comenta. "Estas fresas están malas". Me enfado conmigo mismo por haber caído, otra vez, en algo tan evidente cómo, "te lo pinto bonito, te lo pongo más caro y pica el anzuelo cómo un pececito". Ser o parecer
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